EL HOMBRE DE HIELO



EL HOMBRE DE HIELO
El reloj no espera, y los segundos siguen su curso sin darme una respuesta.
¿Por qué tuvo que ser ahora? ¿Por qué así, de repente?
Había sido por lejos, la mejor etapa de mi vida, de pronto había comenzado a salir todo, salud, amigos nuevos, casa, nuevas oportunidades de trabajo y con todo esto el botón que faltaba…
Me quedé tiesa al verlo, como si de pronto una fuerza superior invalidara mis piernas. Llevaba un traje color camel y zapatos negros, las carpetas que debía entregar se me cayeron al suelo y sólo al escuchar el ruido que produjeron me di cuenta que estaba ahí, en la acera, a unos diez o quince pasos de mí. Trate de inspirar y entonces sentí que no había aire y caí desplomada sobre mis cosas.
Desperté en el hospital, a mi lado, estaban las carpetas con mi bolso; una aguja traspasaba mi mano y a un metro y medio pendía un suero. La luz me molestaba, estaba mareada y la cabeza me dolía horrores. Parpadeé unas cuantas veces hasta poder mirar con claridad. Escuchaba unas voces a un costado pero no podía ladear mi cabeza, al parecer habían inmovilizado mi cuello. Pero ¿Qué me había sucedido? Entonces recordé:
Aquel hombre de aspecto extraño y mirada de hielo a la salida del trabajo, pero tan sólo fue una mirada. Unos minutos más tarde viene a controlarme una enfermera y entonces pregunto:
-Señorita... ¿Puede decirme qué sucede
-Ah, ha despertado, buena señal-dijo la enfermera levantándose y oprimiendo un botón y seguidamente aparecieron varios médicos que comenzaron a examinarme de pies a cabeza.
Luego de varios minutos un señor canoso, de unos sesenta años, de ojos color miel me pregunta:
-Disculpe la pregunta pero debemos hacerla- dijo en tono de disculpa- ¿Usted usa drogas?-me interrogó seriamente.
-¡No!-contesto abrumada-¿Cómo se le ocurre?
-Es que no sabemos qué le sucede, su cuerpo reacciona a todos los estímulos, no hay nada clinicamente malo-comenta llevándose una mano a su nuca.-Verá sólo una cosa es muy extraña…-se interrumpe de improviso y descorriendo la sábana levanta mi mano.
Una extraña sensación me invade, mi piel, mi carne se ha vuelto transparente y a través de ella puedo ver mis venas, la sangre que fluye, los músculos, los huesos. Me siento de un tirón en la cama y me descubro el cuerpo, todo está igual, como si fuera una bolsa de nylon con venas, igual mis órganos, todo transparente.
Intento calmar mi desesperación pero las lágrimas comienzan a saltar de mis ojos. En dos días debería estar viajando a Moscú al gran desfile Di Trento. Cierro los ojos con fuerza y me digo:
-Esto, no está pasando, ésto es una antirealidad de mi imaginación producto del stréss . Oh, sí; no es nada más que eso-, respiro profundo, una, dos, tres veces y vuelvo a abrir a mis ojos para estrellarme nuevamente con la nueva realidad. Naylon o silicona, que horror, que vergüenza, ¿cómo haré para subir a las pasarelas? Vuelvo a cerrar los ojos y muevo mis miembros, no hay nada roto, sólo ese incómodo cuello ortopédico me impide mover mi cabeza. -Por Dios- digo en voz alta- ni mil kilogramos de maquillaje cubrirían esta transparencia. No pasa nada, -me digo- algo se me ocurrirá. Entonces recuerdo mi rostro y llevando mis manos a él lo noto como siempre. Le pido a la enfermera que me alcance mi bolso y busco el espejo. Antes de abrirlo miro la cara de los médicos que me miran atónitos ante mi reacción y cuando uno va a decirme algo abro sin más y llevo una mano a mi boca mientras la otra suelta el espejo que se estrella contra el piso y se hace mil pedazos.
Un extraordinaria melena roja flota sin más sobre mi piel transparente que deja ver los huesos , cartílagos y músculos faciales a la perfección.
-Bueno, al menos serviré de modelo para anatomía a mi primo- murmuro tras haber escudriñado cada músculo y coyuntura facial, que loco, pienso y es entonces cuando me vuelve a la memoria el suceso de la mañana al salir del trabajo.-Había un hombre-digo levantando la voz para llamar la atención de los médicos que se dan media vuelta y aguardan mi comentario.-Había un hombre muy extraño, cuando salí esta mañana de mi trabajo, lo vi a unos diez pasos que fue cuando sentí algo muy extraño primero que hizo que me quedara sin fuerzas y sin aire y por consecuencia se me cayeran las carpetas y perdiera el conocimiento.
Ya no era raro comentar estos acontecimientos, venían sucediendo mes tras mes, desde hacía algunos años. Era raro mi caso; el primero en la ciudad pero no la visión de personas extrañas.
-Continúe por favor-dijo el médico de cabello blanco que acercó una silla a la cama y sacó un cuaderno y un bolígrafo de su maletín.
-No hay mucho para decir- continué-, sólo que tenía los ojos muy extraños, como si el iris fuera transparente. Llevaba un traje color camel de corte más bien antiguo y zapatos puntiagudos color negro. Su cabello era excesivamente lacio y su cabello blanco le llegaba a los hombros pero parecía ser un hombre joven.
-Alguien que lo acompañara, algún auto del que lo viera bajar-mencionó otro de los médicos.
-No; no vi nada de eso, yo salí de mi trabajo como cada día y caminaba por la acera para llegar a mi automóvil que dejo estacionado del otro lado de la calle.
-Notó algo anormal en su viaje al trabajo-preguntó alguien más atrás al cual no podía ver pero por los murmullos comprendí que en el umbral de la puerta de la habitación del hospital estaba atestado de curiosos.
Me sentí por un momento abrumada y sin ganas de seguir respondiendo tantos interrogantes, miré suplicando piedad al médico que escribía y dije:
-Por favor necesito estar sola.
-Atención -dijo el médico que estaba sentado a mi lado,- a ver, los que no sean médicos retírense por favor- y cerró tras de sí la puerta.
-Esta mañana, antes de salir del trabajo -proseguí- todo estaba normal, tomé el baño habitual, desayuné, me maquillé, vestí y conduje hasta el trabajo. El tráfico normal, no noté que nadie me siguiera, no vi nada extraño hasta salir.
Por otro lado. la policía estaba buscando pistas con los datos que le había dado al médico. Estaban revisando las cámaras de seguridad y aunque no podían ver nada extraño donde se suponía que debía estar el hombre que me había cruzado notaban una extraña aleación de energía.
Viajaron desde Chicago científicos y físicos para analizar el suceso. Viendo los videos de seguridad de la calle , lo que se veía era que yo resbalaba sin motivo aparente en el suelo pero sí con una variación energética muy potente desde el frente, a su vez, se había registrado un corte de energía a esa misma hora en esa cuadra de escasos dos minutos.
Hubo testigos que caminaban por la misma acera a esa hora que dijeron que
parecía haber resbalado y hurgando en el suelo encontraron cristales de hielo luego de varias horas que llevaron al laboratorio.
Yo seguía en la cama del hospital.¿Qué podía hacer? Tomé mi bolso nuevamente y saqué el celular del bolsillo. Para mi sorpresa, estaba cubierto con una terrible capa de hielo, llamé a la enfermera y luego ésta al médico que llamó al del laboratorio.
-¿Dónde estaba esto?- preguntó indignado mirando el celular congelado sobre su mano.
-En mi bolso-respondí naturalmente.-
-¿Me permite su bolso señorita?.pidió amablemente y continuó aún más intrigado.
Le alcancé el bolso suspirando desconcertada. ¿Qué podrían encontrar ahora? Ya habían pasado más de doce horas y yo necesitaba desesperadamente comunicarme con mi familia pero al parecer todo giraba en torno al fastidioso suceso que acababa de vivir.
-Necesito comunicarme con…-dije y me quedé muda -no sabía cómo terminar la frase.-Necesito comunicarme con alguien- dije sin más y pensé para mis adentros, ¿con quién?De pronto el vacío iba tomando ventaja y mi memoria comenzaba a jugarme mal.
-Si; continúe -dijo el doctor- ¿a quién podemos llamar?
Estaba por decir algo pero las palabras se me quedaron atrancadas en la garganta. Tomé nuevamente el bolso y saqué mi agenda. Tenía algunos de los contactos en la agenda electrónica que guardaba en un bolsillo interior pero para mi infortunio, ésta se encontraba también congelada. .
El médico viendo mi reacción desesperada, me toma la mano y me dice:
-Por favor, cálmese-mientras veía como los ojos se me llenaban de lágrimas- todo esto es muy perturbador, tanto para usted como para nosotros. -se interrumpió para beber un sorbo de agua- No sabemos qué sucede aquí, no tenemos información de usted, ni de su trabajo. Parece haber desaparecido de la base de datos.

Comentarios